Simios y humanos: primos hermanos (Julio 2006)
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Simios y humanos: primos hermanos (Julio 2006)
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Simios y Humanos: primos hermanos

SIMIOS Y HUMANOS: PRIMOS HERMANOS

Francisco Lerdo y Josefa Corta eran investigadores en comisión de servicios en el Muy Real Instituto de Investigaciones Científicas y Antropológicas Lógicas e incluso Ilógicas. Eternamente becados, elaboraban voluminosos informes que nadie leía (se sospechaba que ni ellos mismos) acerca de los más variopintos temas, incluidos los que nada tenían que ver con su especialidad que, por otra parte, nadie sabía cual era. Su trabajo más divulgado (lo leyeron hasta ellos) fue “Gorilas, orangutanes, chimpancés, macacos, hombres, mujeres y otros simios” título, éste también, de su celebrada tesis doctoral (celebrada por ellos cuando al fin, después de 12 años de trabajo, según ellos, la terminaron) que llevaba el subtítulo de “Simios y Humanos: primos hermanos... o cómo reconocer a un simio simplemente con mirarte a un espejo”. Su tesis fue calificada, como todas, con Sobresaliente cum laude, lo que demuestra que el tribunal no se molestó en leerla, que es lo que suelen hacer los tribunales de los distintos departamentos de cualquier universidad cuando tienen que enfrentarse a tochos de 978 páginas, como era el caso.

Aquel comienzo de curso, Francisco y Josefa, como buenos investigadores, investigaban el calendario escolar para contar las fiestas y puentes que disfrutarían. En ese momento, entró en su despacho su Jefe de Departamento –en comisión de servicios y becado eterno como ellos- para informarles, con una sonrisa entre malévola e inquietante, que habían sido becados –una vez más- para que investigaran lo que pudieran aunque pudieran poco, acerca de la vida, costumbres, comportamientos lúdicos, actividad sexual, inteligencia si la tuvieren y modos de vida de los grandes simios de Borneo... pero esta vez en directo.

Aterrados ante la orden de salir de su despacho, por vez primera, para una investigación de campo, lo primero que hicieron, una vez superado el susto, fue buscar en un atlas dónde estaba ese lugar que imaginaban, y con razón, ignoto y lejano llamado Borneo, comprobando horrorizados que estaba lejísimos... de su despacho. Y se prepararon, a regañadientes, para el viaje.

Ya en Borneo, su primer problema les llegó en forma de problema, aunque fuera muy sencillo. El conductor del todoterreno que fue a buscarlos, después de darles los buenos días, un salacof y pastillas de quinina para la malaria, les espetó:

-A ver, ustedes que son investigadores, investíguenme esto: A mi padre le dio por cambiar con sus vecinos conejos por gallinas. Por cada 2 conejos pedía 3 gallinas. Cada gallina ponía huevos en número igual a la tercera parte del número total de gallinas. Mi padre, al vender los huevos, pedía por cada 9 huevos tantos borneuros como huevos ponía cada gallina, y ganó 72 borneuros. Y ahora pregunto, señores investigadores: ¿Cuántas gallinas y cuántos conejos tenía mi padre?

-¿Qué son borneuros? –preguntó Francisco Lerdo, dando pruebas de su agudeza mental.

-La moneda nacional, caballero –contestó el conductor.

-Que curioso –añadió Josefina Corta, para disimular que no tenía ni idea de cómo resolver el sencillo problema- No sabía que en Borneo se vendieran los huevos de 9 en 9.

-¿Cómo se venden en España? –preguntó el conductor.

-Por docenas –contestó Josefina.

-Y aquí también.

-Pero la docena tiene 12 huevos.

-¿Con lo que han subido de precio? Aquí, el Ministro de Economía, para evitar la inflación, en lugar de subir los precios, ha bajado la docena a nueve huevos... y en lugar de Docena la llamamos Novena, como la de Beethoven, ya saben.

Y como ni Corta ni Lerdo sabían, decidieron callar, convencidos de que aquel país era muy raro. Y alucinaron al escuchar que el conductor cantaba a grito pelado la parte coral de la Novena Sinfonía, en la parte que dice: "Freude, schöner Götterfunken, Tochter aus Elysium, Wir betreten feuertrunken, Himmlische, dein Heiligtum!". (No lo hemos traducido porque en español significa lo mismo que en alemán.)

Lerdo y Corta no creían en la Teoría de la Evolución. Y consideraban a Darwin un impostor y hasta un blasfemo. Ante sus directivos y compañeros del Instituto, con el único objeto de conservar sus comisiones de servicio y sus eternas becas, ocultaban sus verdaderos sentimientos, pero en el fondo despreciaban a los simios al considerar al humano el rey de la Creación. Aunque cuando les preguntaban: ¿De qué creación?, disimulaban fingiendo repentinos ataques de tos, afonías, sorderas instantáneas, flato y hasta estupidez congénita, que era lo que mejor fingían por proximidad (el uno de la otra y viceversa).

Así que se sorprendieron, y tomaron apuntes para su informe, cuando el conductor les llevó hasta la reserva Dramid... y vieron la primera prueba de la inteligencia de los que ellos consideraban seres irracionales. Los cuidadores de la reserva, como cada día, dejaron bajo un gran árbol 100 medidas maíz, que era el alimento que más les gustaba a los chimpancés. Pronto aparecieron 5 chimpancés que empezaron a repartirse las 100 medidas de maíz de tal forma que el segundo reciba más que el primero, el tercero más que el segundo, el cuarto más que el tercero y el quinto más que el cuarto. Además los dos primeros obtienen 7 veces menos que los tres restantes.

-¿Qué, qué les parece, señores investigadores? –preguntó uno de los cuidadores.

-Muy interesante; sí... mucho –respondieron a dúo Lerdo y Corta.

-Sí, pero, ¿a que no saben cuánto maíz corresponde a cada uno?

El primero en reaccionar fue Francisco Lerdo, que aseguró:

-Bueno, es que nosotros no somos matemáticos.

-Nosotros somos investigadores –apostilló Josefina Corta.

-Bueno, pues investiguen el resultado de ese problemilla.

En ese momento un gran alboroto se escuchó a la orilla del cercano río Zaramannes. Y hacia allá corrieron los investigadores, no se sabe si por la curiosidad de investigar la causa del alboroto o por huir del cuidador, que insistía en que averiguaran el resultado del problema del maíz. Ya en la orilla del río se quedaron boquiabiertos ante el espectáculo: cerca de 100 gorilas, orangutanes, chimpancés y macacos aplaudían y jaleaban a unos cuantos compañeros entretenidos en jugar a tirar de una larga cuerda. Y los investigadores observaron y anotaron que 4 orangutanes tiran tan fuerte como 5 chimpancés, 2 chimpancés y un orangután tiran tanto como un gorila. Pero si el gorila y 3 chimpancés se enfrentan a 4 orangutanes... ¿quién ganará?

Los investigadores sabían (era de lo poco que sabían y porque lo habían aprendido en una enciclopedia comprada por fascículos en el quiosco de prensa cercano a su casa) que, de entre los simios, los más fuertes eran los gorilas, después los orangutanes, y por último los chimpancés, que eran los más débiles. Y no salían de su asombro, al ver las combinaciones que hacían y los equipos que formaban con objeto de ganar el juego. Y más que se asombraron -no por ver tirar de la cuerda a chimpancés, orangutanes y al gorila- sino al darse cuenta de que otro gran gorila se había acercado a ellos para preguntarles por el idioma universal de los gestos quién creían que ganaría el juego: ¿el equipo del gorila y los 3 chimpancés o el de los 4 orangutanes? Sorprendidos, los investigadores disimularon fingiendo que no entendían, ante lo cual el gorila preguntón se dio media vuelta para desaparecer tras unos matorrales... y para volver con el problema de la cuerda escrito en un papel con una letra perfecta, es más: con redondilla inglesa.

Los investigadores empezaron a inquietarse al comprobar que los 100 simios que participaban en el juego empezaban a rodearles, exigiéndoles, con gestos más o menos amenazantes, que resolvieran el problema que ellos ya habían resuelto en directo, dejando bien claro que una cosa es la práctica y otra la teoría. Afortunadamente, el cuidador les sacó del aprieto al acudir sonriente, para decirle a los simios:

-Vamos, ya está bien, que estos señores no son matemáticos, que son investigadores.

Y los simios se retiraron mostrando gestos de desprecio, risas y hasta más de un corte de mangas, volviendo todos al juego de la cuerda.

-Discúlpenles –dijo el cuidador- Ustedes, como investigadores ya saben que los simios son muy suyos, es más, ni siquiera son nuestros, que llevan aquí bastantes miles de años antes que nosotros. Que ya saben que el genoma humano y el del chimpancé comenzaron a separarse hace millones de años. Los científicos de Harvard, en su investigación publicada en el último número de Nature, revelan que esta separación se produjo a lo largo de cuatro millones de años. Así, a pesar de caminar juntos, los cambios genéticos comunes al hombre y al chimpancé empezaron hace 11 millones de años para separarse definitivamente hace -siglo más, siglo menos- 5 millones y medio de años... Bueno, pero que tonterías estoy diciendo. Esto lo sabrán ustedes de sobra, como investigadores que son.

-Claro, por supuesto, ya lo sabíamos, pero no se preocupe y siga hablando, por favor, más que nada para entretenernos hasta la hora de la cena –dijo Lerdo, mientras tomaba apuntes como un loco, mientras comprobaba de reojo que su compañera hacía lo mismo.

-Pues como les iba diciendo, la primera separación fue el “Australopithecus” por un lado como representante de lo que serían los humanos, y el “Pan troglodytes” para los simios. De esta manera, hace dos millones de años la evolución hace que aparezca el “Homo erectus” que evolucionaría hasta convertirse en el “Homo sapiens”, que son ustedes, con perdón. Actualmente, de los grandes simios, es el chimpancé el más parecido al hombre, genéticamente hablando... bueno, y en algunos casos hasta físicamente, y no es por señalar.

-Pero... ¿y Adán y Eva? –preguntó Francisco Corto.

-Ah, esos; ahí están –contestó el cuidador.

-¿Cómo? –preguntaron, estupefactos, los investigadores.

-Sí, que ahí están. ¡Adán, Eva, venid aquí! –exclamó el cuidador.

Y acudiendo a la llamada se aproximaron dos chimpancés cogidos de la mano y exhibiendo una espectacular sonrisa.

-Les presento a Adán y a Eva –dijo el cuidador, y dirigiéndose a los simios, añadió- Aquí, estos señores, que son investigadores.

Los orangutanes, muy educados, estrecharon la mano de los investigadores, que, de sorpresa en sorpresa, no podían creer lo que estaban presenciando.

Durante la cena siguieron tomando apuntes de las explicaciones que les daba el cuidador. Los investigadores no probaron bocado entretenidos como estaban en anotar todo lo que el cuidador decía y que en ese momento, ya en el postre, terminaba su larga disertación:

-... eso sin tener en cuenta el descubrimiento del famoso Cráneo de Toumaï, el cráneo del Sahelanthropus tchadensis, el fósil más antiguo que tiene los rasgos característicos más relacionados con los del ser humano. Es el primer homínido conocido, ya saben –y ellos: sí, sí- que tiene entre 6,4 y 7,4 millones de años de antigüedad. Fue encontrado en Chad, el año 2002.

-¿Y en cuanto a sus relaciones sexuales? –preguntó Josefina Corta.

-Estupendas, señorita –contestó el cuidador, atusándose el pelo.

-No; me refiero a las de los grandes simios.

-Ah... pues mejores que las mías, tengo que reconocerlo.

Al día siguiente, convencidos de que ya tenían datos suficientes para elaborar el trabajo que justificara su beca, se despidieron del cuidador, del conductor, de los simios y, sobre todo de Adán y Eva... con la duda que les corroía el estómago y el espíritu : ¿Mira que si Darwin tuviera razón?

En el viaje de vuelta optaron por viajar en barco desde el poblado en el que se encontraban hasta el pueblo más próximo, con ánimo de tomar allí un autobús hasta la capital para tomar, a su vez, el avión de regreso a España. Ya en la cubierta del barco, se despidieron del cuidador y de Adan y Eva que habían ido a despedirlos, cuando, de repente, apareció el gran gorila que escribía en letra redondilla inglesa. Llevaba un papel en la mano y se lo dio al cuidador. Éste, después de ojearlo, les dijo a los investigadores, cuando el barco ya soltaba amarras:

-Que dice aquí Pazanal que su barco tiene un problema.

Los investigadores se miraron aterrados, pero el cuidador añadió:

-No, no tengan miedo. Lo que pasa es que la corriente de este río juega con los barcos, y el suyo, en concreto, tarda 5 horas en ir río abajo desde este poblado hasta el pueblo. En cambio, fíjense qué cosas, para el viaje de regreso invierte 7 horas. Así que mi amigo Pazanal, que es muy listo, pregunta: ¿Cuál es la velocidad de la corriente? Ahí les dejo con ese problemilla, para que se entretengan por el camino.

Los investigadores no supieron resolver el problema de la velocidad de la corriente, pero sí escribir, a su vuelta a su despacho, un trabajo de 750 páginas sobre los grandes simios de Borneo, titulado: “Del “Sahelanthropus tchadensis” pasando por el “Australopithecus”, el “Pan troglodytes” y el “Homo erectus”... y por gorilas, orangutanes, chimpancés y macacos hasta llegar al Homo sapiens... eso, el que haya llegado”.

El estudio tuvo una gran difusión –lo leyeron sus padres, algunos familiares (pocos) y el hijo de su portera, que era aficionado a la pornografía y se dejó engañar por lo de Homo erectus. Los investigadores intentaron publicarlo en la revistas Nature y National Geographic, pero se lo rechazaron. Al fin, tras arduas negociaciones sobre los derechos de autor, consiguieron publicarlo en la Hoja Parroquial de su barrio, con gran éxito de crítica y público, eso sí, que todo hay que decirlo.

FIN


Autor: Joaquín Collantes
Asesor matemático: Antonio Pérez Sanz

 

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