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78. (Octubre 2013) Demasiada felicidad, de Alice Munro
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Escrito por Marta Macho Stadler (Universidad del País Vasco)   
Martes 15 de Octubre de 2013

Demasiada felicidad, de Alice Munro

Muchas personas que no han estudiado matemáticas las confunden con la aritmética y las consideran una ciencia seca y árida. Lo cierto es que esta ciencia requiere mucha imaginación.

Sofia Kovalevski

Con esta cita comienza el último –es el que da nombre al libro– de los diez cuentos de Demasiada felicidad (2009) de la Premio Nobel de Literatura 2013i, Alice Munroii.

Según comenta Alice Munro en los agradecimientos finales del libro, descubrió a Sofia Kovalevskiiii mientras realizaba una búsqueda en la Encyclopaedia Britannica. Sofia le sedujo por su doble vertiente de matemática y novelista;  gracias a la lectura de Little Sparrow: A Portrait of Sofia Kovalevskyiv y el contacto personal con el autor y su esposa Nina, tuvo acceso a documentos personales de Sofía, que le ayudaron a construir su relato.

Demasiada felicidad, de Alice MunroDemasiada felicidad, de Alice Munro

Alice Munro y Sofia Kovalevski

Esta historia novelada de Sofia Kovalevski comienza en 1891: Sofía y su amado Maksim Maksimovich Kovalevski –un primo lejano de Vladimir, el marido fallecido de Sofía– caminan por un cementerio.

Sofía y Maksim se habían conocido en 1888 en Estocolmo e inmediatamente habían congeniado: les unía su idioma común, su apellido, sus costumbres. En ese momento, Sofía estaba preparando su memoria sobre el movimiento de los cuerpos rígidos para presentarlo al Premio Bordin de la Academia de las Ciencias de Parísv.

Tras la concesión del premio a Sofía, Maksim se siente relegado. Acuerdan casarse –felicidad para ella– aunque Maksim no deja de bromear sobre el tema; incluso llega a decirle abiertamente en alguna carta que no la quiere. Ella le ama, él juega con ella, la ilusiona, la traiciona, la engatusa, la decepciona sin remedio. Como una amiga de Sofía le había comentado en alguna ocasión:

Recuerda que cuando un hombre sale de una habitación, se lo deja todo en ella. [...] Cuando sale una mujer, se lleva todo lo que ha ocurrido allí.

Sofía ha ganado el Premio Bordin, pero no consigue trabajo:

Ni se les ocurría contratarla, como jamás habrían contratado a un chimpancé amaestrado.

Sofía recuerda su matrimonio blanco con Vladimir para poder salir de Rusia y estudiar. Recuerda a su hermana Aniuta y su marido Jaclard –que nunca había querido a su esposa– y sus vivencias durante el corto gobierno de la Comuna de Parísvi.

En una visita a su sobrino Urey –años después de la muerte de su hermana–, se advierte un nuevo desprecio hacia las mujeres: esta vez Urey califica a la nueva esposa de su padre como ‘fea como un demonio’, mujer con la que Jaclard se ha casado porque ‘se encarga de mi bienestar’.

Urey, rabioso con la vida, ataca a su tía hablando de las matemáticas de esta manera:

[...] Lo que no es necesario son las matemáticas, o eso me parece a mí. [...] No sentiría respeto por mí mismo siendo profesor de matemáticas. [...] Ganar premios y un montón de dinero por cosas que nadie entiende y que no le importan a nadie y que no sirven para nada.

Aparecen citados en diversos momentos su mentor Karl Weierstrass –que la apoya y respeta como científica y le profesa un profundo afecto–, Gösta Mittag-Leffler y Jules Henri Poincaré –matemáticos ‘rivales’–. Incomprendida  por los hombres de ciencia e incomprendida por “las esposas” de esos hombres, Sofía recuerda el momento en el que conoció a Weierstrass, la manera en la que él quiso desanimarla y el asombro y admiración de su mentor al descubrirla:

Lo que sí puedo hacer en su caso es plantearle una serie de problemas y pedirle que los resuelva y me los traiga dentro de una semana a  partir de hoy. [...] Si me satisface el resultado, volveremos a hablar. [...] Llevaba toda la vida [...] esperando a que un alumno entrase así en su habitación. [...] Riguroso, meticuloso, así hay que ser, aunque así también ha de ser el gran poeta.

Sofía viaja en un tren hacia Copenhague, enferma, para dar una conferencia. Reflexiona sobre la verdadera importancia del descubrimiento, sin importar premios, publicaciones, reconocimientos:

Esos descubrimientos eran posibles. Las matemáticas eran un don natural, como la aurora boreal.

Tras su conferencia, la enfermedad de Sofía se agrava y acaba por morir, cuidada por su pequeño círculo de amistades. La última vez que ve a su hija, poco antes de fallecer, Sofía susurra Demasiada felicidad.

La autopsia demostró que la neumonía le había destrozado por completo los pulmones y que el corazón presentaba una dolencia que arrastraba desde hacía varios años. Como todo el mundo se esperaba, el cerebro tenía un gran tamaño.

Demasiada felicidad evoca la lucha de Sofía a través de sus recuerdos más personales, el desamor, la pasión por el estudio… sus logros científicos, sus problemas para ser aceptada como una igual por sus colegas científicos… sus alegrías y sus desengaños.

El libro termina con esta frase:

Hay un cráter en la luna que lleva el nombre de Sofía.

 

Notas:

[i] http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2013/

[ii] Todas las citas de esta reseña están tomadas de la traducción de Flora Casas para la edición de 2010 en la editorial Lumen.

[iii] En mi opinión, un texto excelente para aprender sobre Sofia es: Michèle Audin, Souvenirs sur Sofia Kovalevskaya, Calvage & Mounet, 2008. Su versión inglesa es Remembering Sofya Kovalevskaya, Springer, 2011.

[iv] Don H. Kennedy, Little Sparrow: A Portrait of Sofia Kovalevsky, Ohio University Press, 1983.

[v] http://www.academie-sciences.fr/

[vi] http://es.wikipedia.org/wiki/Comuna_de_París

 

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